2 de abril de 2026

FERVOR Y TRADICIÓN O PODER, IMPOSICIÓN E IGNORANCIA.


      En estos días de finales de marzo del 2026, en los que se conmemora la pasión y muerte de Jesús, me recorren multitud de pensamientos contradictorios, al ver las manifestaciones populares, llenas de fervor religioso, en todos los pueblos y ciudades, de la geografía hispana y la realidad política y social mundial.

    Recordando, un poco de historia, me viene un primer significado de la muerte de Jesús para las autoridades romanas y judías. Hasta el siglo IV, para el poder de Roma y el judaísmo, la muerte de Jesús, no significó más allá de la muerte de un agitador y perturbador social y político.

    Es ese poder político, dirigido por los emperadores Constantino y Licinio, en occidente y oriente, respectivamente,  cuando aplican el edicto de tolerancia de Serdica, del emperador Galerio, en el edicto de Milán, 313 d. C., estableciendo la libertad religiosa y la devolución de sedes de culto y propiedades a los cristianos, cuando esa muerte empieza a significar, lo que hoy el cristianismo proclama: La muerte y Resurrección del hijo de Dios, para toda la sociedad.    

    A partir de entonces se empieza a generar un órgano de poder político religioso, dentro del movimiento cristiano, que dominará el mundo occidental, en los sucesivos siglos, hasta prácticamente el siglo XX.

    Las bases que regirán el poder religioso se fraguan, años más tarde, en el concilio de Nicea, en el 325, en donde se establecen los dogmas y cánones-20- a establecer en el seno del cristianismo, los cuales son hoy aceptados por todas las corrientes cristianas. En su canon 19, se inicia lo que, a posteriori, serán la eliminación del rol litúrgico, de la mujer, hasta la pérdida de su total relevancia en actos litúrgicos, en el siglo XII.

  El cristianismo pasa, en sus primeros siglos de existencia, de ser un movimiento social religioso igualitario de acción hacia los demás, a convertirse en un órgano de poder y de imposición masculina, de persecución y eliminación de todo lo que no se ajuste a los dogmas impuestos por las elites masculinas del cristianismo, y un  poder político, hasta prácticamente nuestros días.

    Por entonces, muchas de las tradiciones paganas romanas son asimiladas por la iglesia católica de Roma y convertidas en actos religiosos cristianos; adoración de santos, procesiones, etc. etc.

    Centrándonos en nuestros actos religiosos actuales, me resulta difícil aceptar el fervor universal hacia las imágenes que procesionan nuestras calles, no solo en semana Santa, sino en cualquier fiesta popular de nuestro país, con la realidad que se vive día a día, con enfrentamientos políticos, asesinatos de mujeres e hijos, de guerras continuas, en el mundo, de genocidio, y de todo acto inhumano o racista.

    Me pregunto, cómo se puede conjugar el fervor religioso, con actos despiadados de la sociedad, cómo se puede desear la muerte de conciudadanos y pedir protección a sus santos o a sus figuras centrales, de sus diferentes religiones.

    Los avances científicos, técnicos y el conocimiento histórico nos permiten conocer el pasado, vivir un presente e ir forjándose un futuro mejor, pero en ese futuro, cómo es posible dar cabida a guerras, asesinatos, genocidio, desigualdad entre hombres y mujeres, entre personas de un mismo país, en justicia, según tu posición social o política, etc.

     Muchas actuaciones políticas actuales, están fuera de la convivencia social, de un pueblo, un país o continente, en una sociedad avanzada. Por todo esto, me inclino a creer, que el ser humano, en su mayoría es ignorante, irracional e inhumano, cuando, en el día a día, se debate entre si apoyo o no una guerra, deja pasar, como si no fuese real, un genocidio, la aplicación  o creación de leyes injustas, y el mantenimiento de instituciones ineficaces, dirigidas, por políticos incapaces de imponer, ante tales actos crueles y abominables, los principios de convivencia racional y humanos, que  sociedades avanzadas  deberían de proclamar. 

    Entonces, qué papel tienen hoy las religiones, si predican la caridad, el bien, la igualdad, etc. y dejan pasar actos tan crueles como las guerras, los asesinatos masivos, el genocidio, la esclavitud, por raza, sexo o condición social.

    Creo que es momento de hacer una profunda reflexión ante tanto acto y tanta manifestación religiosa, llena de fervor, y el no levantar la voz, todos y todas juntas, ante tanta  barbarie y crueldad en el mundo.

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