Todos nos acordamos de “Santa Rita” cuando truena, decía mi madre.
En la actualidad hemos tenido dos
graves accidentes con víctimas mortales y decenas de heridos, y empezamos a quejarnos
que si la vía rota, que si ha habido un derrumbe, que si los baches que se denuncian y no se
arreglaban, hasta ahora.
Hace años, en un viaje por
tierras catalana, me sorprendí, negativamente, con lo que me estaba encontrando
en la entrada a tierras catalanas. Me decía a mí mismo, pero si nuestras carreteras andaluzas, están
ahora mejor que estas. En el año 2024,
salvo error, El diputado Gabriel Rufián denunció en el parlamento las malas
circunstancias de las vías de Rodalies del 2023. Lo que yo estaba viendo era
las nefastas carreteras que me estaba encontrando a la llegada a la provincia
de Barcelona.
Por qué escribo esta introducción.
España experimentó en la década de los 90 y primeros del siglo XXI, una mejora
sustancial en sus infraestructuras viarias, y de transporte, pero estas
infraestructuras necesitan un constante mantenimiento, lo mismo que los bosques
y sierras de toda la geografía ibérica, cosa que se ha ido relajando y haciendo los mantenimientos mínimos o a lo sumo parcheos rutinarios de
las infraestructuras. Por poner unos ejemplos la N44, a su llegada a Mengibar,
en Jaén ha estado cortado hace pocos
días, a lo sumo mes, en sentido granada por su arreglo. El pasado día de
San Antón pasé por ese lugar, ya abierto y ya había grietas en el tramo
arreglado. Si nos vamos a carreteras provinciales o locales, ejemplo Linares Jabalquinto,
o Lupión Torreblascopedro, o Torreblascopedro
Puente del Obispo, las circunstancias que presentan esas vías son pésimas, y su mantenimiento se centra en parcheos y poco menos.
Hoy el parque automovilístico
es mucho más amplio que en la década de
los noventa, por poner una fecha, y el desplazamiento de la sociedad es más del
doble de esa misma década, en la que España cambió su fisonomía de comunicaciones.
Pero como he dicho, su
mantenimiento se centra en mínimos, creo
que igual pasa en el transporte ferroviario, cuando se ha multiplicado por 6,
por lo menos, el número de viajes que se
realizan en esas infraestructuras ferroviarias, sin embargo tiene que pasar
alguna desgracia para que se empiecen a tomar medidas. La primera ha sido
reducir la velocidad de la alta velocidad en determinados tramos de
diferentes recorridos.
Creo sinceramente que la solución
va más allá de reducir la velocidad. Se necesita importantes inversiones en
mantenimiento de infraestructuras tanto viarias, como ferroviarias y aeroportuarias y portuarias.
Para ello debemos dar un paso importante, primero exigir
responsabilidades a las empresas concesionarias de su construcción, a corto plazo, y después un
mantenimiento constante por parte de las administraciones.
Me pregunto ¿cuánto dinero público
se podría dedicar a estos mantenimientos si los sueldos de los políticos y demás
cargos públicos fueran equiparables a los de las diferentes categorías administrativas
de los empleados públicos, es decir A, B, C, D, E?, y que no se pudiesen subir
los sueldos exponencialmente como se
hace hasta ahora.
Además los impuestos que se
cobran por vehículos, por reciclado de neumáticos, por contaminantes, en ITV, y demás impuestos, donde van, porque
si todo se gestionase adecuadamente y se aplicara a sus respectivos menesteres,
todo andaría mejor.
Es hora de que el ciudadano de a
pie, empiece a ser más consciente de quiénes nos administran y cómo nos
administran, y llegado el momento
decidir quiénes deben ser nuestros administradores políticos, pero sin siglas
preconcebidas, siendo consciente de lo que todos pagamos, cómo se administran
nuestros impuestos y cómo se gastan.
No puedo por menos que pensar que
será los próximos años, si nuestros
políticos se gastan en el siglo XXI nuestros impuestos en armamento y en
instituciones internacionales, que no
conllevan nada más que desgracia,
penurias, sufrimientos y demás circunstancias penosas, para enriquecimiento de
los lobbies de turno.
Estamos en el siglo XXI, no
podemos retroceder décadas o siglos, por culpa de gobernantes ineptos y ruines que no les importa ni el ser humano
ni la humanidad ni el bienestar común mundial, sino sus propios interese. El Ejemplo más claro lo
tenemos ahora mismo en el Presidente americano, que no pronuncio su nombre
porque me transmite un gran desprecio. Que en el siglo XXI tengamos que
recordar periodos históricos que nunca
debieron haber pasado, es cuanto menos muy penoso.
Por eso, la sociedad debe dar otro paso
más, afianzando la democracia,
la prosperidad y el bienestar social, con políticos plenos y responsables de lo
que le hemos encomendado con nuestros votos.
¿Por qué en Japón un tren, de
alta velocidad, va a más del doble de los nuestros y no pasa nada, por
ahora?, aquí lo dejo para la reflexión.